¡DIOS ES NUESTRO PADRE!

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien nos bendijo con toda bendición espiritual, según nos escogió en Él para que fuésemos santos, y nos predestinó en Cristo para ser adoptados hijos suyos, según su voluntad, haciéndonos aceptos en el Amado. En Él asimismo tuvimos herencia, y fuimos sellados con el Espíritu Santo como garantía de esa herencia. 

3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. (Efesios 1: 3-10)

11 En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, 12 a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. 13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria. (Efesios 1: 11-14)

Para los que vivimos en Cristo, Dios es nuestro Padre y hay una relación con él que recién comienza. En esa relación nosotros somos su pueblo, y él nuestro Dios, y podemos confiar en que él cumplirá sus promesas, pues Él es fiel, verdadero e inmutable. ¿Cuáles son algunas de sus promesas?

  1. Dios, nuestro Padre, prometió que nos protegería.
  2. Dios prometió estar con nosotros.
  3. Dios, nuestro Padre, prometió que oiría nuestras oraciones.
  4. Dios, nuestro Padre, prometió que nos guiaría.

Dios no deja de ser el Dios creador de todo lo que existe, el Dios soberano que ejerce su señorío y voluntad sobre todo y todos, el Dios santo, justo, bueno, eterno, todopoderoso, que todo lo sabe, que está en todo lugar, que es inmutable, fiel y verdadero, y que es amor. Dios no pierde esos atributos (y otros no mencionados) porque él es inmutable. No cambia. Sin embargo, con los que estamos en Cristo, Él empieza una nueva relación. 

Los que estamos en Cristo, somos el pueblo de Dios. Efesios 2: 13-19 nos dice:
13 Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. 14 Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, 15 aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, 16 y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. 17 Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; 18 porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. 19 Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, 
Ya somos su pueblo. En este pasaje, se menciona a los que estaban lejos, haciendo referencia a los pueblos que no eran judíos. Y menciona que por medio de Cristo, los unos y los otros (los que estábamos lejos y los que estaban cerca) tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.  “19 Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios,” (Efesios 2: 19).

También nuestro Señor Jesucristo hizo una referencia al pueblo no judío (llamado también gentiles en el Nuevo Testamento) en Juan 10: 16: “16 También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquellas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.” 

En Mateo 28: 18-20, Jesús encomienda hacer discípulos a todas las naciones.
18 Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
Y en Apocalipsis 5, el apóstol Juan atestigua acerca de la adoración celestial que se da a causa de que el Cordero fue el único digno de tomar el libro del que estaba sentado en el trono, y desatar sus siete sellos, y en el nuevo cántico se dice: “(…) nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;” (Apocalipsis 5: 9)

Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra. Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos; y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; 10 y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra. (Apocalipsis 5: 6-10)

Entonces, todas las personas que vivimos en Cristo somos el pueblo de Dios. De esto no debe quedar duda, y esto nos lleva a considerar que todas las promesas que Dios da a su pueblo, son vigentes para nosotros, los que vivimos en Cristo. No somos un pueblo inferior en calidad con acceso limitado a nuestro Padre y a algunas promesas, sino que, como dice el apóstol Pablo en II Corintios 1: 19, 20:
19 Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; mas ha sido Sí en él; 20 porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.

Dios es nuestro Padre, y podemos esperar de él, que él cumpla sus promesas, pues Él es fiel, verdadero e inmutable. ¿Cuáles son algunas de sus promesas?

1. Dios, nuestro Padre, prometió que nos protegería.

Dios no ha dejado de ser el Dios todopoderoso y el Dios que todo lo sabe. Además, Él es bueno y nos ama. Estos atributos nos ayudan a confiar en sus promesas de protección. Él nos guarda y nos libra. 

El Salmo 121 lo describe muy bien: 

1 Alzaré mis ojos a los montes;
¿De dónde vendrá mi socorro?
2 Mi socorro viene de Jehová,
Que hizo los cielos y la tierra.
3 No dará tu pie al resbaladero, 
Ni se dormirá el que te guarda.
4 He aquí, no se adormecerá ni dormirá
El que guarda a Israel.
5 Jehová es tu guardador;
Jehová es tu sombra a tu mano derecha.
6 El sol no te fatigará de día,
Ni la luna de noche.
7 Jehová te guardará de todo mal;
Él guardará tu alma.
8 Jehová guardará tu salida y tu entrada
Desde ahora y para siempre.

Otro salmo muy descriptivo en cuanto a la protección de Dios, es el Salmo 91. 

1 El que habita al abrigo del Altísimo
Morará bajo la sombra del Omnipotente.
2 Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;
Mi Dios, en quien confiaré.
3 Él te librará del lazo del cazador,
De la peste destructora.
4 Con sus plumas te cubrirá,
Y debajo de sus alas estarás seguro;
Escudo y adarga es su verdad.
5 No temerás el terror nocturno,
Ni saeta que vuele de día,
6 Ni pestilencia que ande en oscuridad,
Ni mortandad que en medio del día destruya.
7 Caerán a tu lado mil,
Y diez mil a tu diestra;
Mas a ti no llegará.
8 Ciertamente con tus ojos mirarás
Y verás la recompensa de los impíos.
9 Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza,
Al Altísimo por tu habitación,
10 No te sobrevendrá mal,
Ni plaga tocará tu morada.
11 Pues a sus ángeles mandará acerca de ti,
Que te guarden en todos tus caminos.
12 En las manos te llevarán,
Para que tu pie no tropiece en piedra.
13 Sobre el león y el áspid pisarás;
Hollarás al cachorro del león y al dragón.
14 Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré;
Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.
15 Me invocará, y yo le responderé;
Con él estaré yo en la angustia;
Lo libraré y le glorificaré.
16 Lo saciaré de larga vida,
Y le mostraré mi salvación.   

¿Significa esto que no pasaremos por dificultades? No.
Otra promesa que Dios nos hace es estar con nosotros. Contamos con la compañía de Dios, nuestro Padre, en toda circunstancia.

2. Dios prometió estar con nosotros.

Jesús nos lo dijo en Juan 14: 16-20:
16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.   
18 No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. 19 Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. 20 En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.
(Juan 14: 16-20). 

Dios mora en nosotros por medio de su Espíritu Santo, y no nos dejará solos en ninguna circunstancia, por difícil que sea.

Por ejemplo, en el Salmo 23: 4 el salmista dice:
Aunque ande en valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; (…)

En el Salmo 41: 3, dice:
Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor;
Mullirás toda su cama en su enfermedad.

En el Salmo 91: 15 leemos “(…) Con él estaré yo en la angustia; (…)“. 

En medio de nuestras circunstancias terrenales, Dios promete estar con nosotros. Respecto a la causa de la tribulación que suframos por mantener nuestra fe, no debemos extrañarnos. Nuestro Señor nos advierte:
18 Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. 19 Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. 20 Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.” (Juan 15: 18-20) 
33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16: 33).

El apóstol Pablo lo dice así:
7 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; 10 llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. 11 Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. (II Corintios 4: 7-11) 
16 Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. 17 Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; 18 no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. (II Corintios 4: 16-18). Romanos 5: 3-5 nos dice:
3 Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

I Pedro 1: 5-9 nos dice que:
5 [vosotros] que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.

3. Dios, nuestro Padre, prometió que oiría nuestras oraciones.

La oración es la conversación que tenemos con Dios. Por medio de ella damos gracias a Dios, le presentamos peticiones, le hacemos promesas, le adoramos con nuestras palabras. Él prometió que oiría nuestras oraciones por lo que podemos acercarnos a Él con confianza de ser escuchados. 

Mateo 6: 6 nos dice que “6 (…) cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

Como pueblo de Dios, tenemos libertad para acercarnos “(…) confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” según Hebreos 4: 16.
19 Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, 20 por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, 21 y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, 22 acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.” (Hebreos 10:19-22).

Jesús nos dice en Mateo 7: 7-11:
7 Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? 10 ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? 11 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?

Tenemos la libertad para acceder al Padre en oración, pero, “(…) qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. 27 Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.” (Romanos 8: 26, 27). 

I Juan 5: 14-15 nos deja bien claro que si pedimos conforme a su voluntad, Él nos oye:  
14 Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. 15 Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho. (I Juan 5: 14-15). Y recordemos que su voluntad es buena, agradable, y perfecta. 

4. Dios, nuestro Padre, prometió que nos guiaría.

Necesitamos la dirección de aquel que todo lo sabe (pasado, presente, y futuro), cuya voluntad es buena, agradable y perfecta, que tiene todo el poder para llevar a cabo sus planes, y que no cambia porque es inmutable.

El apóstol Pablo dice que Dios preparó de antemano buenas obras para que anduviésemos en ellas. “10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” (Efesios 2: 10) ¿Cuáles serán esas buenas obras? ¿Cómo saberlo? 

Por ejemplo, cuando el apóstol Pablo se encontraba en Troas, recibió dirección del Señor respecto hacia dónde ir. “Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos.” (Hechos 16: 9). Ellos en seguida, fueron a Macedonia, seguros de que Dios los llamaba para que les anunciaran el evangelio. “10 Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio.” (Hechos 16: 10).

Éste es un ejemplo de los muchos que la Biblia relata donde Dios guía a su pueblo para realizar acciones específicas. En este caso, fue con una visión, pero no siempre es así. Y ese Dios que guió a su pueblo, no ha cambiado, porque es inmutable. Y Dios promete guiarnos. 

En Isaías 48: 17, Dios nos dice que él nos encamina por el camino que debemos seguir. “17 Así ha dicho Jehová, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo soy Jehová Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguir.” Dios no sólo nos enseña provechosamente, sino que nos encamina por el camino que debemos seguir. En idioma español, estas palabras significan que él se asegura que nosotros no extraviemos el camino, y por eso, él nos pone en ese camino para asegurarnos que es ése y no otro. 

En el Salmo 32: 8, el Señor nos dice: “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; (…).” Dios no sólo nos mostrará o señalará el camino, sino que se asegurará de hacernos entender. Esto es muy importante. Significa que él no nos dejará con dudas. Dios se asegurará de que entendamos cuál es el camino en que debemos andar. Puede que utilice diferentes formas de comunicarnos su plan, pero él nos hará entender, y nos enseñará el camino en que debemos andar. 

Nuestro Dios da una serie de recomendaciones en Proverbios 3: 5-7 para los que quieren ser guiados por Él. En primer lugar, se debe confiar en Él de todo corazón, y no apoyarse en la propia sabiduría o entendimiento, porque Él es el Dios que todo lo sabe y que tiene todo el poder para llevar a cabo sus planes, y son sus planes, no los de la persona. El entendimiento y sabiduría humanas son finitos, y para realizar Sus planes, necesitamos Sus recursos. En segundo lugar, se debe reconocer a Dios en todos los caminos, o decisiones que se tomen. Si Dios es tomado en cuenta, Él los va a enderezar. Es decir, Él actuará conforme a su omnisciencia y conforme a su plan. Podemos estar seguros de eso. Por último, debemos temer a Dios y apartarnos del mal. Si la voluntad general de Dios es nuestra santificación, ¿Cómo Dios guiará de forma específica a personas que no le teman y que no se aparten del mal? En Proverbios 3: 5-7, el Señor nos dice:
5 Fíate de Jehová de todo tu corazón,
Y no te apoyes en tu propia prudencia.
6 Reconócelo en todos tus caminos,
Y él enderezará tus veredas.
7 No seas sabio en tu propia opinión;
Teme a Jehová, y apártate del mal; 

En el Salmo 138: 8 leemos: “Jehová cumplirá su propósito en mí; (…)” y en Juan 16: 13: “13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.” ¿Por qué no confiar en Aquél que envió al Consolador a nuestros corazones para guiarnos a toda verdad, que es bueno, fiel y verdadero, y tiene todos los recursos para cumplir su propósito? 

Para terminar, 

13 Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; 14 como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; 15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; 16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo. 17 Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; 18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, 20 ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, 21 y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios. (I Pedro 1: 13-21)

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