¡SOMOS HIJOS DE DIOS!

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Juan 1: 12)

Gálatas 4: 6,7 nos dice: “Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.

Y en Efesios 2: 19 leemos: “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.

Cuando nosotros nos arrepentimos de nuestros pecados, pedimos perdón a Dios por ellos, y nos convertimos en hijos de Dios, hay un cambio maravilloso que sucede en nosotros. Ese cambio involucra diferentes aspectos que estudiamos a continuación.

  1. ¡Somos perdonados!
  2. ¡Somos rescatados!
  3. ¡Somos regenerados!
  4. ¡Somos nuevas criaturas!
  5. ¡Somos santificados!
  6. ¡Somos declarados justos delante de Dios!
  7. ¡Somos reconciliados con Dios!
  8. ¡Somos herederos de Dios!
  9. ¡Somos libres!
  10. ¡Somos más que vencedores!
  11. ¡Somos embajadores!
  12. ¡Somos la sal y la luz!

1. ¡SOMOS PERDONADOS!

El pecado nos aleja de Dios, y por causa del pecado es que Cristo murió. Fueron nuestros pecados por los que él murió. Cuando el dolor que sentimos por haber pecado es tan fuerte que nos quebranta y nos hace arrepentirnos, lo único que consuela ese dolor es la certeza del perdón de Dios. Y por fe lo recibimos. En Colosenses 1: 14 dice: “en quien [Jesús] tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.” En I Juan 1: 9 leemos: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” Por su sacrificio en la cruz, es posible el perdón divino, y porque confesamos nuestros pecados y porque él es fiel y justo, somos perdonados. Cuando tenemos esa certeza del perdón, nuestro corazón se consuela y procuramos no volver a pecar. 

2. ¡SOMOS RESCATADOS!

Como hijos de Dios, fuimos rescatados de una vana manera de vivir. Para rescatarnos, había un precio que había que pagar, y Jesús pagó por nuestro rescate con su sangre preciosa. I Pedro 1: 18,19 nos dice: “18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, (…)19 (…) con la sangre preciosa de Cristo,” Y es en Cristo en quién tenemos la redención, según Colosenses 1: 14: “14 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.” 

Él vino para establecer su reino, y el Padre nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado a ese reino, al reino de su amado Hijo.
12 (…) dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; 13 el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,14 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. (Colosenses 1: 12-14)

3. ¡SOMOS REGENERADOS!

La regeneración es el mismo evento llamado “nuevo nacimiento”. Nadie que no haya nacido de nuevo, no puede ver ni entrar en el reino de Dios. El nuevo nacimiento es necesario, según le dijo Jesús a Nicodemo en Juan 3: 5,6:
(…) De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. 

Este evento es un acto de la voluntad de Dios. Todos los que lo recibimos somos regenerados por su actuar, no por nosotros. Somos engendrados y hechos sus hijos por su voluntad, según Juan 1: 12,13: “12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

4. ¡SOMOS NUEVAS CRIATURAS!

¡Qué triste sería si el nuevo nacimiento fuera físico y quedáramos en la misma condición espiritual! Pero Las Sagradas Escrituras nos dicen que “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (II Corintios 5: 17) “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” (Efesios 2: 10) Las personas que son regeneradas son nuevas criaturas. Según este pasaje, fuimos creados en Cristo Jesús para buenas obras, que fueron preparadas para que anduviésemos en ellas. Es decir, nuestra conducta ahora será nueva. Andaremos en las buenas obras preparadas por Dios.

5. ¡SOMOS SANTIFICADOS!

Dios es santo y para tener comunión con él, debemos ser santos también. Esto es posible observarlo desde el Antiguo Testamento, en donde Dios nos dice en Levítico 11: 45: “45 Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: seréis, pues, santos, porque yo soy santo.” Para ser santos, el sacrificio perfecto de Cristo, hecho una vez para siempre, cumple con los requerimientos y es suficiente, según  Hebreos 10: 10-14:
10 En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. 11 Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; 12 pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, 13 de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; 14 porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.
    Dios santifica a aquellos que han sido perdonados, y de esta forma, podemos empezar una relación armoniosa con el Dios que es santo. 

6. ¡SOMOS DECLARADOS JUSTOS DELANTE DE DIOS!

Para poder tener paz con Dios, es necesario que seamos justos ante Dios, y Dios declara justos a aquellos que han sido perdonados. Según Romanos 3: 28,30: “28 Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.“ “30 Porque Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la incircuncisión.

¿Por la justicia de quién es que somos declarados justos? Por la justicia de Cristo. Romanos 4: 25-5: 1: “el cual [Jesús] fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.” “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” Y esa justificación ante Dios, la recibimos por fe. 

7. ¡SOMOS RECONCILIADOS CON DIOS!

Romanos 5: 8-11 nos dice:
Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. 10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. 11 Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.

8. ¡SOMOS HEREDEROS DE DIOS!

Leemos en Romanos 8: 16,17: “16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. 17 Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

Efesios 1: 15-19 nos dice:
15 Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, 16 no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, 17 para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, 18 alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, 19 y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza,

9. ¡SOMOS LIBRES!

Juan 8: 31-36 nos dice:
31 Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; 32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. 33 Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres? 
34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. 35 Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. 36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.

En Colosenses 2: 13-15 leemos:
13 Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, 14 anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, 15 y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.

10. ¡SOMOS MÁS QUE VENCEDORES!

35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?” “37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.” (Romanos 8: 35,37)

11. ¡SOMOS EMBAJADORES!

20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. (II Corintios 5: 20,21)

12. ¡SOMOS LA SAL Y LA LUZ!

Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. (Mateo 5: 13-16).

Para terminar, 

9 Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;10 vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia. (I Pedro 2: 9,10)

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